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DOCTRINA.
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RESEÑA HISTÓRICA DE LA PRIMERA IGLESIA METODISTA PENTECOSTAL EL PENTECOSTALISMO CHILENOLa Iglesia Metodista Pentecostal de Chile nace en el seno de la Iglesia Metodista Episcopal a comienzos del siglo XX. Los principales fundadores del movimiento pentecostal chileno pertenecían a esta denominación que había llegado al país aproximadamente hacia 1878 desde Estados Unidos a partir del trabajo del misionero William Taylor. Junto a la Iglesia Metodista Episcopal llegan al país misioneros como Ira La Fetra, José Torregrosa y Willis Collins Hoover. Este último comenzó su trabajo en Iquique en 1889 para posteriormente ser trasladado a la Iglesia Metodista Episcopal de Valparaíso en el año 1902. Allí el pastor Hoover comenzó a experimentar junto a la congregación la visitación especial de Dios en sus cultos y actividades espirituales. En esa iglesia de Valparaíso se dio inicio al avivamiento pentecostal el Año Nuevo de 1908-1909. Pero la experiencia espiritual de los metodista episcopales de Valparaíso también se estaba manifestando con fuerza en otras partes del mundo. Tal es el caso del avivamiento de la India en un orfanato de niñas viudas de la Pandita Ramabai en 1905, el avivamiento de Gales en 1904 y del renombrado avivamiento de Azusa, Estados Unidos, en 1906. El Espíritu Santo estaba expresándose en todo el mundo con una fuerza inusitada. Al tiempo que en Valparaíso ocurrían estos sucesos espirituales, en las iglesias metodista episcopales de Concepción y Santiago estaban experimentando una situación similar. Así, la Primera y Segunda Iglesia Metodista Episcopal de Santiago se hallaban conmovidas por las manifestaciones del Espíritu Santo. LA IGLESIA METODISTA PENTECOSTALLa visitación del Espíritu Santo en diversas congregaciones metodista episcopales era extraordinaria y llena de evidencias. Conversiones, reconciliaciones, santidad, milagros y otros signos espirituales, eran muy frecuentes en sus servicios. Pero estas experiencias no fueron bien entendidas por las autoridades metodistas quienes las interpretaban como expresiones de fanatismo e irracionalidad, las que debían, según ellos, ser suprimidas cuanto antes. Pero los hermanos que estaban viviendo estas manifestaciones espirituales no estaban dispuestos a dejar que la presencia del Espíritu fuera apagada por aquellos que no entendían la dimensión del poder de Dios. Es así que el pastor Hoover junto a sus fieles tienen que abandonar obligadamente la Iglesia Metodista Episcopal en 1910. Mientras tanto en Santiago los hermanos metodista episcopales que había recibido la visitación del Espíritu Santo también estaban siendo hostilizados por sus autoridades eclesiales. El 12 de septiembre de 1909 la hermana Elena Laidlaw, reconocida por ser una de las primeras mujeres pentecostales en difundir el movimiento, junto con Natalia de Arancibia, visitaba las congregaciones metodistas de Santiago para contar las obras maravillosas que Dios estaba haciendo en Valparaíso. Sin embargo la misión de estas fervorosas e infatigables mujeres de Dios se vio dramáticamente estorbada por algunos pastores metodistas que a toda costa deseaban impedir que sus feligreses recibieran las noticias del avivamiento ocurrido en la ciudad puerto. Este rechazo no fue bien recibido por un amplio número de hermanos de las iglesias metodista episcopales de Santiago, lo que les llevó a oponerse a la decisión de sus líderes. Con esa determinación los hermanos invitaron a la hermana Elena a que de todas formas contara su testimonio aunque para ello tuviera que hacerlo en la calle. Todos estaban deseosos de enterarse de las maravillas que el Espíritu Santo hacía en Valparaíso y que venían a confirmar lo que ellos también estaban viviendo en la capital. Este hecho accidentado fue una de las principales razones que motivaron la decisión de separarse y formar una nueva iglesia, la que inicialmente denominaron como Iglesia Metodista Nacional. En tanto en Valparaíso la congregación que había seguido a Hoover asume el nombre de Iglesia Metodista Pentecostal, nombre que finalmente terminó por imponerse espontáneamente en todas las iglesias del nuevo movimiento. A esta nueva Iglesia Metodista Pentecostal pertenecen nombres gravitantes como Willis Hoover Kurk en la iglesia de Retamo, Manuel Umaña Salinas en la iglesia de Jotabeche, Víctor Pavéz en la iglesia de Sargento Aldea, Luis Pincheira en Gorbea, Daniel Venegas en Concepción, Guillermo Castillo en La Calera, Manuel García en Mulchén, Víctor Gatica en Los Andes, y Oraldo Rojas Ramírez, quien en 1921 es enviado a San Bernardo, por mencionar solamente a algunos ejemplos destacados. Durante un período de casi cien años, la Iglesia Metodista Pentecostal tuvo a las siguientes máximas autoridades: Superintendente Willis Hoover Kurk (1910-1933); Obispo Manuel Umaña Salinas (primero como Superintendente entre 1933-1950, y luego como primer Obispo de 1950-1964); Obispo Mamerto Mancilla Tapia (1971-1985); y Obispo Javier Vásquez Valencia (1985-2003). Al fallecimiento de nuestro Obispo Javier Vásquez Valencia, la Iglesia Metodista Pentecostal experimentó diversos cambios administrativos y eclesiásticos que dieron origen a tres grupos de iglesias metodista pentecostales, uno de las cuales es la Primera Iglesia Metodista Pentecostal. 12 DE SEPTIEMBRE DE 1909La iglesia que hasta hoy es reconocida en todas partes del mundo como Jotabeche 40 nace espiritualmente justo a partir de la experiencia ocurrida el 12 de septiembre de 1909 antes descrito. Esa fecha un grupo de hermanos de la Primera Iglesia Metodista Episcopal de Santiago, de calle Portales, decidieron salir del templo para escuchar el testimonio de la hermana Elena acerca del avivamiento espiritual experimentado en Valparaíso. Así los hermanos de Santiago que creyeron al testimonio de la hermana Elena, y que estaban viviendo las mismas experiencias espirituales, se transformaron en la base para la constitución de la Primera Iglesia Metodista Pentecostal de Santiago, abandonando definitivamente la Iglesia Metodista Episcopal. Esa nueva y emergente Iglesia, que un par de años más tarde sería llamada Jotabeche, nació espiritualmente el 12 de septiembre de 1909, y se constituyó como Primera Iglesia Metodista Pentecostal en 1910. En la misma fecha del 12 de septiembre de 1909 ocurría exactamente lo mismo en la Segunda Iglesia Metodista Episcopal de Santiago, ubicada en calle Carnot. Ese día muchos hermanos se retiraron de la iglesia para formar la Segunda Iglesia Metodista Pentecostal, primero en calle Nataniel y luego en Sargento Aldea. Esta última iglesia más tarde se convirtió en la Iglesia Evangélica Pentecostal. PRIMERA IGLESIA METODISTA PENTECOSTALLa Iglesia de Jotabeche 40, hoy Catedral Evangélica de Chile, ha sido parte fundamental en la historia de la Iglesia Metodista Pentecostal. La Iglesia de Jotabeche es precisamente descendiente de aquella congregación que el 12 de septiembre de 1909 se separó de la Iglesia Metodista Episcopal, para dar paso a una nueva Iglesia. Y junto a otras comunidades a lo largo del país formaron la iglesia que hasta hoy se conoce como Iglesia Metodista Pentecostal de Chile. El primer pastor de la Primera Iglesia Metodista Pentecostal fue el reverendo Carlos Leighton (1911), quien por motivos de salud no pudo desempeñar su trabajo ministerial. Entonces fue nombrado como pastor el hermano Manuel Umaña Salinas (1911-1964). Con el pastor Manuel Umaña Salinas esta iglesia comenzó a ser conocida como Iglesia de Jotabeche por la calle donde de ahí en adelante comenzaron a reunirse. Luego asume el pastorado el hermano Javier Vásquez Valencia (1964-2003). Finalmente, es nombrado como pastor el hermano Oficial Diácono Eduardo Durán Castro en 2003, hasta hoy. El 18 de febrero de 2011 la iglesia de Jotabeche adquirió su personalidad jurídica propia, Registro Público N° 02315 bajo el nombre de Primera Iglesia Metodista Pentecostal, Jotabeche 40, Catedral Evangélica de Chile, retomando al fin su nombre original de Primera Iglesia Metodista Pentecostal adquirido desde 1910. Con el otorgamiento de su personalidad jurídica la Primera Iglesia Metodista Pentecostal recibe el derecho a ser encabezada autónomamente por un obispo propio que asuma las responsabilidades del cuidado y dirección de esta histórica y numerosa iglesia. |
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SOBRE EL RITO CRISTIANO EN LA IGLESIA
La palabra “rito” viene a significar el conjunto de normas ordenadas para el ejercicio del culto y celebración de ceremonias sagradas. Son aquellos actos de carácter sagrado que realiza la Iglesia en determinadas ocasiones y solemnidades para que de modo particular Dios bendiga y se haga presente en esos tiempos especiales. Puede ser el Bautismo, la Santa Cena del Señor, el ordenamiento de pastores y otras diversas consagraciones ministeriales, la recepción de miembros, ceremonias fúnebres y también ceremonias de consagración de templos, entre otros servicios más. El rito es una acción que se practica y entiende como sagrado en un contexto de culto. Quiere decir que un rito se realiza para celebrar a Dios, reconociendo su grandeza, divina providencia, atributos, soberanía y bendición sobre nosotros. Lo hacemos cantando, orando y proclamando su Palabra; elementos indispensables en la configuración de los ritos cristianos. El rito siempre está compuesto de: palabras específicas que se preservan inalterables en el tiempo, junto con gestos o acciones que simbolizan verdades espirituales superiores, como podrían ser la imposición de manos para el ordenamiento ministerial, simbolizando la unción y autoridad espiritual que el ministro recibe de Dios; el rociamiento del agua en el bautismo, que simboliza el verdadero lavamiento espiritual hecho por Cristo; y la posturas de argollas en un matrimonio que simboliza el amor comprometido entre los contrayentes, por mencionar algunos ejemplos. La Iglesia mantiene estas palabras y acciones para que no se pierda el depósito de la fe ni el sentido original de los contenidos bíblico-doctrinales que sustentan cada rito. La fuente de inspiración de la que se nutren los ritos de la Iglesia son en primer término la Sagrada Escritura, seguidamente de los antecedentes históricos en los que nos constan las prácticas saludables de las iglesias cristianas desde tiempos muy antiguos. Prácticas que también se inspiraban en la Biblia. En lo que respecta a la Sagrada Escritura, interesa mucho que los ritos posean una sólida y coherente base nacida de ella. No podríamos hacer afirmaciones ni realizar acciones que no estuvieran contenidas explícita o implícitamente en la Palabra de Dios. En cuanto a los antecedentes históricos, se busca cuidadosamente indagar cuáles han sido las prácticas cristianas de la Iglesia en otras épocas. Así, ponemos atención a las prácticas rituales de los cristianos de los primeros siglos, del período de la Reforma Protestante, de las enseñanzas de Juan Wesley y el metodismo desde el siglo XVIII en adelante, y de toda la herencia doctrinal que nos transmitieron los padres fundadores de la Iglesia Metodista Pentecostal, sobre todo en sus primeras décadas de vida. Como se podrá apreciar, los ritos que practicamos son una herencia bíblica y al mismo tiempo de la Iglesia de todos los tiempos. Con ello nos aseguramos que nuestras prácticas sean verdaderamente serias y libres de toda contaminación anti bíblica, como asimismo nos podemos sentir en continuidad con la fe de la Iglesia a través de la historia. Visto así, nadie podría ni debiera atreverse a sacar o cambiar alguna práctica, o eliminar afirmaciones, sólo por el hecho de que no le guste o que no comparta su contenido. Ese tipo de arbitrariedad no es coherente con el sentido de unidad y fidelidad eclesial que buscamos como Iglesia respetuosa de la Biblia y de la historia de nuestra doctrina metodista pentecostal. La Iglesia reconoce la existencia de una continuidad bíblica, doctrinal e histórica de todos nuestros ritos y ceremonias, que debemos custodiar y agradecer. Ahora bien, los ritos no tienen poder en sí mismos ni ningún tipo de virtud intrínsecos a ellos. Pensar que los ritos actúan casi mágicamente nos haría caer en el error de aceptarlos como fetiches que en sí pueden provocar algún efecto sobrenatural o un cambio sobre quiénes participan de ellos. El agua del bautismo, en sí, no limpia pecados porque eso lo hace Cristo solamente; la oración de bendición del ministro en la ceremonia matrimonial en sí misma no garantiza el éxito del matrimonio porque eso lo hace Dios sobre la base del cultivo del amor fiel que se propongan los esposos permanentemente; y la imposición de manos en la ordenación ministerial en sí no convertirá al candidato en un pastor excepcional en cuestión de segundos porque la virtuosidad del pastor dependen de la gracia de Dios, del llamado que el Señor le haya hecho y de la obediencia piadosa que ese pastor se imponga como deber sagrado. En este sentido, la tarea y función del rito consiste en ser un acto material, visible y objetivo, que permite tomar conciencia de verdades espirituales superiores de las que somos partícipes por la gracia de Dios. Pero en ningún caso el rito puede reemplazar absolutamente aquellas verdades que representan. Ahora bien, los ritos jamás pueden ser entendidos como meras acciones que se realizan al margen de nuestra devoción y respeto a Dios. El rito de la Santa Cena del Señor, el bautismo, la ordenación ministerial, el servicio fúnebre, e incluso la bendición de un establecimiento público, encierran un carácter sagrado innegable. En ellos cantamos, oramos, leemos las Santas Escrituras, invocamos a Cristo y asumimos una actitud de adoración a Dios porque sabemos que él está presente por medio del Espíritu Santo. Por eso nunca debieran perder su sentido solemne, y tendríamos que participar de ellos con respeto, temor, inteligencia y sincera piedad. Ya hemos afirmado que los ritos nacen, en parte, de la necesidad de tener comunión con Dios, gozar de sus bendiciones, como también de acercarnos a sus verdades espirituales. Por eso siempre deben ser inspirados a partir de la Sagrada Revelación y de la doctrina que la Iglesia acepta como norma de vida y conducta. En consecuencia, los ritos tienen que reflejar con fidelidad la fe de quienes participan de ellos, sobre todo aquella fe que nos lleva a la única fuente de salvación que es Cristo. Los ritos y ceremonias que no reflejen esta verdad última, no pueden ser admitidos como legítimos. Que los ritos que celebramos en la Iglesia sean un modo más que nos permitan predicar a Cristo. |
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ORDENANZA Y SACRAMENTO PARA EL BAUTISMO DE INFANTES |
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ORDENANZA Y SACRAMENTO
PARA LA SANTA CENA DEL SEÑOR
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PREÁMBULOEl ministro pide que los asistentes se pongan de pie y luego dice: Queridos hermanos: Que la gracia de nuestro Señor Jesucristo sea con todos nosotros. Amén. Hoy nos reunimos para hacer memoria de la muerte de Cristo y para anunciar su Venida (1 Corintios 11:26). Al participar de la Santa Cena del Señor entramos en perfecta Comunión con nuestro Salvador y fortalecemos su gracia en nosotros. EXHORTACIÓNLa Santa Palabra de Dios nos exhorta diciendo: “Hijitos míos, estas cosas os escribo para que no pequéis; y si alguno hubiere pecado, abogado tenemos para con el Padre, a Jesucristo el justo. Y él es la propiciación por nuestros pecados; y no solamente por los nuestros, sino también por los de todo el mundo.” (1 Juan 2:1-2) Hermanos: hoy han recibido la Palabra de Dios y por ella se arrepienten verdadera y sinceramente. Acérquense, pues, con fe y confiesen sus pecados antes de tomar este sacramento, para consuelo y acrecentamiento de la gracia en sus corazones. Ustedes que ahora están en paz y amor con Dios y el prójimo, hagan propósito de llevar vida nueva, siguiendo los mandamientos del Señor y andando en sus santos caminos. Nosotros, los ministros de Jesucristo, también nos unimos a este propósito. Por eso, confiados en la gracia de Dios, todos confesemos nuestros pecados: ORACIÓNEl ministro y la congregación se ponen de rodillas. El ministro dirige esta oración: Omnipotente Dios, Padre de nuestro Señor Jesucristo, creador de todas las cosas, juez de todos los hombres: Nosotros confesamos y lloramos los muchos pecados y maldades que con frecuencia hemos cometido gravemente, por pensamiento, palabra y obra contra tu majestad divina. Con nuestros actos, y aún con nuestras omisiones, hemos provocado muy justamente tu ira e indignación contra nosotros. En verdad nos arrepentimos y nos dolemos amargamente de todas nuestras culpas. La memoria de ellas nos abruma y entristece. Por eso te imploramos: ¡Ten misericordia de nosotros! ¡Señor, ten misericordia de nosotros! Por amor de tu santo Hijo perdónanos todo lo pasado; y concede que en adelante te sirvamos y agrademos en novedad de vida, para honra y gloria de tu nombre, mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén. El ministro, al finalizar la oración, pide a todos ponerse de pie PROFESIÓN DE FETodos en pie Hermanos, al acercarnos a la mesa del Señor y así participar de su santa comunión, hacemos profesión de nuestra fe: Nosotros, que creemos en Dios Todopoderoso, el Padre, el Hijo y el Espíritu Santo. Que somos salvos sólo por gracia y mediante la obra expiatoria de Jesucristo, la cual sólo recibimos por fe. Que creemos en la santificación que proviene del Espíritu Santo; en la unidad de la Iglesia verdadera y universal; la Venida de Cristo; la resurrección de la carne; la vida eterna de los justos y la condenación de los malos; nos aferramos a esta sana doctrina, la obedecemos y confesamos de todo corazón. Todo esto lo afirmamos en el nombre de Jesucristo nuestro Señor. Amén. PALABRAS DE INSTITUCIÓNEl ministro, frente a la mesa del Señor, hace la siguiente oración: Omnipotente Dios, Padre nuestro celestial, por tu tierna misericordia entregaste a tu único Hijo Jesucristo, para sufrir muerte en la cruz por nuestra redención; quien hizo sacrificio y ofrenda entera, perfecta y suficiente por los pecados de todo el mundo. Tu Hijo muy amado instituyó este sacramento y en su santo Evangelio nos mandó perpetuar así la memoria de su preciosa muerte, hasta que venga otra vez. Te suplicamos, oh Padre misericordioso, nos concedas recibir estos elementos de pan y vino que tú has creado conforme a la santa institución de tu Hijo, nuestro salvador Jesucristo, en memoria de su pasión y muerte, y así participemos de su bendito cuerpo y sangre. Amén. El ministro se dirige a la congregación que sigue en pie, y dice: Hermanos, damos gracias por este don tan precioso instituido por Jesucristo mismo, quien la misma “noche que fue entregado, tomó pan; y habiendo dado gracias, lo partió, y dijo: Tomad, comed; esto es mi cuerpo que por vosotros es partido; haced esto en memoria de mí” (Mt 26:17-29; Mc 14:12-25; Lc 22:7-22; Jn 13:21- 30; 1 Co 11:23-24). De igual manera, después de haber cenado, tomó la copa, dio gracias y la dio a beber a todos, diciendo: “Esta copa es el nuevo pacto en mi sangre, derramada por ustedes y por todo el mundo para el perdón del pecado. Hagan esto en memoria de mí.” (Mt 26:17-29; Mc 14:12-25; Lc 22:7-22; Jn 13:21-30; 1 Co 11:25) COMUNIÓNEl ministro recibirá la comunión en ambas especies y procederá a repartir las mismas a los otros ministros presentes, si los hubiere. – El ministro entregará el pan a los otros ministros y les dirá: Este es el pan que representa el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo que fue crucificado por ti. – El ministro entregará el vino a los otros ministros y les dirá: Este es el vino que representa la sangre de nuestro Señor Jesucristo que fue derramada por ti. Después de esto el ministro procederá a distribuir ambas especies entre los comulgantes por su orden, éstos de pie o de rodillas. La distribución puede estar a cargo de hermanos oficiales, los que seguirán el orden aquí descrito. Al distribuir los elementos el ministro o los hermanos oficiales dirán al hermano que los recibe: – Entrega el pan y dice: “Este es el pan que representa el cuerpo de nuestro Señor Jesucristo que fue crucificado por ti.” – Entrega el vino y dice: “Este es el vino que representa la sangre de nuestro Señor Jesucristo que fue derramada por ti.” Una vez que todos hayan participado de la Comunión del pan y del vino, el ministro se dirigirá a la congregación y dirá: Amados hermanos, hoy hemos recibido la bendición de participar de la mesa del Señor. Seamos agradecidos. Cada vez que comemos de este pan y bebemos de esta copa, proclamamos la muerte del Señor, hasta que él regrese. Anunciamos su muerte; proclamamos su resurrección; esperamos su venida. ORACIÓN DE GRATITUDOremos: Bondadoso Dios, que por tu misericordia has querido darnos los elementos del pan y del vino, para traer a la memoria el sacrificio de tu amado Hijo, te agradecemos este gran privilegio de poder enriquecer nuestro espíritu. Y es justo que te demos gracias, oh Padre Omnipotente y Eterno. Por tanto, con los ángeles y toda la compañía en el cielo, alabamos y magnificamos tu glorioso nombre confesando: Santo, Santo, Santo, Señor de los ejércitos; llenos están los cielos y la tierra de tu gloria. Gloria sea a ti, oh Dios altísimo, mediante la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Amén. La paz de Dios que sobrepasa todo entendimiento guarde sus corazones y mentes en el conocimiento y amor de Dios y de su Hijo Jesucristo nuestro Señor. Y que las bendiciones de Dios Todopoderoso, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo sean con todos ustedes ahora y siempre. Amén. |
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PRESENTACIÓN DE INFANTES
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CAPÍTULO II: RITOS COMUNES |
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CONSAGRACIÓN DE MATRIMONIO
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PREÁMBULOMuy amados hermanos, nos hemos reunido en esta solemne ocasión, para celebrar ante Dios el enlace matrimonial entre nombre del cónyuge y nombre de la cónyuge , quienes habiendo ya cumplido las leyes civiles, se presentan delante de nuestro Señor Jesucristo y de esta santa congregación, para que la bendición de Dios Todopoderoso selle con su presencia la nueva vida que hoy inician. El matrimonio es un estado honorable, instituido por Dios con la primera pareja, cuando Adán y Eva aun guardaban su inocencia, y por ello constituye el fundamento social y sagrado más antiguo conocido por los hombres. Al principio Dios creó al hombre y la mujer conforme a su imagen. Esa imagen también debe estar presente en el matrimonio. Este santo estado Cristo lo adornó y hermoseó con su presencia y con el primer milagro que hizo en las bodas de Caná de Galilea. Y más tarde el apóstol Pablo lo recomienda como una institución digna de honor entre todos. Por tanto, no debe ser contraído indignamente, sino más bien con reverencia, sentido y en el temor de Dios, considerando los fines para lo que fue ordenado, a saber, el amor, compañerismo, como también la vocación hacia la familia y los hijos. Este matrimonio es llamado a ser el reflejo de la unión espiritual entre Cristo y su Iglesia. El ministro dirá a los contrayentes: Han venido ante mí, ministro de Jesucristo, para ser unidos delante de Dios y de estos testigos, con los santos lazos del matrimonio. Esto representa un paso serio y solemne, en el que se toman el uno al otro, para enfrentar las circunstancias que se presenten, sea en riqueza o en pobreza; para gozo o tristeza; para salud o enfermedad; en todo lo que la vida da y en todo lo que quita. Serán el uno para el otro fiel, verdadero marido y verdadera esposa, hasta que la muerte los separe. LECTURAS BÍBLICASEscuchen, pues, la Palabra de Dios, escrita para su instrucción, y para que siempre la tengan por luz en su camino. Los libros de Moisés dicen: “Por tanto dejará el hombre a su padre y a su madre, y se unirá a su mujer, y serán una sola carne” (Génesis 2:24). Asimismo, el apóstol Pablo exhorta así: “Someteos unos a otros en el temor de Dios. Las casadas estén sujetas a sus propios maridos, como al Señor; porque el marido es cabeza de la mujer, así como Cristo es cabeza de la iglesia, la cual es su cuerpo, y él es su salvador. Así que, como la iglesia está sujeta a Cristo, así también las casadas lo estén a sus maridos en todo… Maridos, amad a vuestras mujeres, así como Cristo amó a la iglesia, y se entregó asimismo por ella… Así también los maridos deben amar a sus mujeres como a sus mismos cuerpos. El que ama a su mujer, a sí mismo se ama…” (Efesios 5:22-33) Y los cánticos de Israel con sabiduría afirman: “Las muchas aguas no podrán apagar el amor, ni lo ahogarán los ríos. Si diera el hombre todos los bienes de su casa a cambio de este amor, de cierto lo menospreciarían” (Cantares 8:7) VOTOS SOLEMNESnombre del conyuge , ¿Quieres prometer delante de Dios y estos testigos, tomar a esta mujer, nombre de la conyuge , por tu legítima esposa, para vivir con ella conforme a lo ordenado por Dios en el santo estado del matrimonio? ¿Prometes, con la ayuda de Dios, amarla, honrarla, consolarla y conservarla en tiempo de salud y enfermedad, en prosperidad y en sufrimiento, y conservarte exclusivamente para ella mientras los dos vivieren? El novio responde: “Sí, lo haré” nombre de la conyuge , ¿Quieres prometer delante de Dios y estos testigos, tomar a este hombre, nombre del conyuge , por tu legítimo esposo, para vivir con él conforme a lo ordenado por Dios en el santo estado del matrimonio? ¿Prometes, con la ayuda de Dios, amarlo, honrarlo, consolarlo y conservarlo en tiempo de salud y enfermedad, en prosperidad y en sufrimiento, y conservarte exclusivamente para él mientras los dos vivieren? La novia responde: “Sí, lo haré” POSTURA DE ANILLOSEl ministro pide los anillos para orar por ellos. Todos en pie. Oración de dedicación: Dios eterno y lleno de amor, presento estas prendas ante ti, para que éstas sean benditas y en verdad reflejen por siempre el amor y compañerismo que hoy tus hijos se prometen con el corazón. Te lo pedimos todo por Jesucristo nuestro Señor. Amén. El ministro pide que los novios se miren de frente. El novio toma el anillo de la novia para ponerlo en su mano, y repite junto con el ministro: nombre de la conyuge , con este anillo te desposo, Uniendo contigo mi corazón y mi vida, Y te hago partícipe de todos mis cuidados, Y de todo mi amor, Conforme a la santa ordenanza de Dios, En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. La novia toma el anillo del novio para ponerlo en su mano, y repite junto con el ministro: nombre del conyuge , con este anillo te desposo, Uniendo contigo mi corazón y mi vida, Y te hago partícipe de todos mis cuidados, Y de todo mi amor, Conforme a la santa ordenanza de Dios, En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. ORACIÓN CONSAGRATORIANovios de rodillas ¡Oh Dios eterno!, Creador y conservador del género humano; dador de toda gracia espiritual, Autor de la vida eterna; envía tu bendición sobre tus siervos, este hombre y esta mujer, a quienes bendecimos en tu nombre, a fin de que, como Isaac y Rebeca vivieron lealmente unidos, así también ellos cumplan y guarden constantemente los votos y las promesas que se han hecho mutuamente. Y que permanezcan siempre en perfecta paz y amor, viviendo conforme a tus santos mandamientos, mediante Jesucristo nuestro Señor. Amén. Los novios se ponen en pie frente al ministro. DECLARACIÓN SOLEMNEPor cuanto nombre del conyuge y nombre de la conyuge han consentido ingresar en el santo estado del matrimonio, y lo han declarado delante de Dios y de estos testigos; habiéndose dado y empeñado su fe y palabra el uno al otro, y con la autoridad que se me confiere como ministro de Jesucristo, yo los declaro marido y mujer, esposo y esposa; en el nombre de Dios el Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. “Lo que Dios ha unido, ningún hombre lo separe” BENDICIÓNLos novios y congregación siguen en pie Dios Padre, Hijo y Espíritu Santo les bendiga, guarde y preserve. El Señor por su misericordia vuelva a ustedes los ojos de su favor y les llene de su gracia y de toda bendición espiritual. Que vivan unidos en esta vida y que en el mundo venidero tengan la vida eterna. Pueden irse en paz. |
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SERVICIO FÚNEBRE N°1
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INICIOPresidiendo el féretro el ministro comenzará con las siguientes palabras: Damos inicio a este santo servicio en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. CANTOSe iniciará el servicio entonando un himno o estrofa de himno. Himno Nº _____________, estrofa Nº __________ PALABRAS A LOS ASISTENTESEl ministro dirá a los presentes: Amados hermanos, hoy nos hemos reunido para despedir los restos mortales de: ___________ Nos consolamos en la esperanza de que un día podremos ver nuevamente, en el reino eterno de Dios, a quiénes ya han partido de este mundo. Por eso nuestro Señor Jesucristo ha dicho: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros. Y si me fuere y os preparare lugar, vendré otra vez, y os tomaré a mí mismo, para que donde yo estoy, vosotros también estéis. Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:1-6) Hermanos, la muerte es aquella realidad de la que todos hemos tenido alguna experiencia. La partida de un familiar o persona querida, son vivencias que siempre hemos de enfrentar. En estos momentos, damos gracias a Dios por la vida en la tierra y también por la muerte, ya que esta última no acaba en verdad con la vida de un cristiano. Por esto el apóstol Pablo nos enseña diciendo: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial” (2 Corintios 5:1-2). CANTOSe entona un himno o estrofa de himno. Himno Nº ____________, estrofa Nº _______ ORACIÓNHermanos, oremos para que la esperanza cristiana en la resurrección sea afirmada en nuestros corazones: Dios Todopoderoso, Señor de la vida, que levantaste a tu santo Hijo Jesucristo del sepulcro, permítenos en esta hora de tristeza mantener la esperanza en que un día volveremos a ver a nuestro ser querido. Pon en nosotros el consuelo, la paz y la felicidad que sólo son posibles por la gracia y la fe que has derramado en nuestros corazones. Te lo pedimos todo en el dulce nombre de tu Hijo muy amado, nuestro Salvador Jesucristo. Amén. OPORTUNIDADSi la ocasión lo amerita el ministro concederá oportunidades a los deudos, amigos o hermanos en la fe, quiénes darán gracias y saludarán a los presentes. EXHORTACIÓN DE LA PALABRAEl ministro hará una exposición breve de la Palabra de Dios, exhortando a los asistentes a acercarse al Señor y estar preparados cuando seamos llamados a su presencia. Puede usar alguno de los siguientes textos sugeridos: – 2 Libro de Samuel 14:14 – Evangelio según san Juan 20:1-18 – 1 Carta de san Pablo a los Corintios 15:1-8 – 1 Carta de san Pablo a los Corintios 15:12-23 – 1 Carta de san Pablo a los Corintios 15:51-57 – 1 Carta de san Pablo a los Tesalonicenses 4:13-18 – Apocalipsis 21:1-7 CANTOSe entona un himno o estrofa de himno. Himno Nº ____________, estrofa Nº ________ ORACIÓNEl ministro orará por el consuelo de los deudos: Dios nuestro, Padre de toda consolación y autor de la vida eterna, te suplicamos que tu paz descienda sobre toda la familia y amigos de nuestro hermano/a que ha partido a tu presencia. Señor, ten misericordia y conforma los corazones en la esperanza bendita de tu gloriosa resurrección. Todopoderoso Dios, autor de la vida, permite que tus hijos sean consolados mediante la potencia de tu Espíritu. Que ahora mismo reciban fe, esperanza y fortaleza. Señor, te damos gracias por la vida, y te agradecemos porque la muerte no nos puede vencer cuando podemos creer en ti. Te lo pedimos todo en el dulce nombre de tu Hijo muy amado, nuestro Salvador Jesucristo. Amén. CANTOSe entona un himno o estrofa de himno. Himno Nº _______________, estrofa Nº ____________ PALABRAS DEL MINISTRO AL DEPOSITAR EL FÉRETRO EN EL SEPULCROEl ministro pide hacer descender el féretro, mientras tanto dice las siguientes palabras: Señor de la vida, autor y consumador de eterna salvación, hoy venimos a depositar en el sepulcro a: ______________. Tierra a la tierra, ceniza a la ceniza. Por tanto, como del polvo fuiste tomado, al polvo serás tornado. El Señor nos lo da, el Señor nos lo quita; sea su nombre bendito por siempre. Señor, ten misericordia de nosotros y consuélanos en la esperanza de tu bendita resurrección. Señor, ten misericordia de nosotros y danos tu paz. CANTOSe entona un himno o estrofa de himno. Himno Nº ________________, estrofa Nº __________ BENDICIÓN FINAL DEL MINISTRO |
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SERVICIO FÚNEBRE Nº 2
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Para personas que no pertenecen a la fe evangélica PREÁMBULOPresidiendo el féretro el ministro se dirige a los presentes diciendo: Comenzamos este servicio en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Amada familia y amigos, hoy nos hemos reunido para despedir a: ________________, que ha partido de este mundo para ir al encuentro de su Creador. Es nuestra esperanza que Dios les consuele a todos ustedes en este tiempo de dolor. El Dios Todopoderoso les dará las fuerzas que hoy necesitan en sus corazones. Nuestro Señor Jesucristo ha dicho: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay; si así no fuera, yo os lo hubiera dicho; voy, pues, a preparar lugar para vosotros… Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:1-6) CANTOSe entona un himno o estrofa de himno si la ocasión lo requiere Himno Nº _________________, estrofa Nº __________ PALABRAS A LOS ASISTENTESLa muerte, aunque dolorosa y muchas veces inexplicable, es una realidad que todos hemos tenido que enfrentar. Por eso buscamos la fuerza espiritual necesaria para asumir la partida del ser amado. En estos momentos, reflexionamos en la vida tan frágil de todos nosotros; y asimismo hacemos una revisión de nuestras acciones, para constatar qué tan preparados estaremos cuando tengamos que enfrentar a Dios el día en que también seamos llamados a su presencia. ORACIÓNHagamos una oración para que la paz y la esperanza cristiana llenen nuestros corazones: Dios Todopoderoso, autor de la vida, permite que estos tus hijos aquí presentes sean consolados mediante la fuerza de tu Espíritu. Que todos ellos reciban fe y esperanza en ti; que reciban tu paz en sus corazones; y que la partida del ser querido haga que nos acerquemos más a ti, buscando aquella verdad que nos conduzca a la vida eterna. Te damos gracias por la vida, y también te suplicamos que nos ayudes a aceptar la muerte con humildad y resignación, sabiendo que ésta no nos puede vencer cuando podemos creer en ti. Te lo pedimos todo en el dulce nombre de tu Hijo muy amado, nuestro Salvador Jesucristo. Amén. CANTOSe entona un himno o estrofa de himno. Himno Nº _________________, estrofa Nº __________ EXHORTACIÓN DE LA PALABRALectura de la Palabra de Dios y exposición breve. Se pueden escoger los mismos textos que se sugieren en el primer rito fúnebre. ORACIÓNSe hará la oración del Padrenuestro y se dirá a los deudos: Hermanos, oremos como el Señor nos enseñó, diciendo: Padre nuestro que estás en el cielo, santificado sea tu Nombre; venga a nosotros tu Reino; hágase tu voluntad en la tierra como en el cielo. Danos hoy nuestro pan de cada día; perdona nuestras ofensas, como también nosotros perdonamos a los que nos ofenden; no nos dejes caer en la tentación, y líbranos del mal. Amén. OPORTUNIDADESSi la ocasión lo requiere, el ministro puede conceder oportunidades a los deudos, amigos u otras personas autorizadas por la familia. PALABRAS DEL MINISTRO AL DEPOSITAR EL FÉRETRO EN EL SEPULCROEl ministro pide que el féretro sea bajado al sepulcro. Mientras el féretro es bajado dirá lo siguiente: Señor de la vida, Dios de amor y de toda misericordia, hoy venimos a depositar en el sepulcro a: ______________. Tierra a la tierra, ceniza a la ceniza. Por tanto, como del polvo fuiste tomado, al polvo serás tornado. El Señor nos lo da, el Señor nos lo quita; sea su nombre bendito por siempre. Señor, ten misericordia de nosotros y consuélanos en la esperanza de tu bendita resurrección. Señor, ten misericordia de nosotros y danos tu paz. CANTOSe entona un himno o estrofa de himno. Himno Nº _________________, estrofa Nº __________ BENDICIÓN FINAL DEL MINISTROQueridos hermanos, que el Señor les consuele, ayude y fortalezca. Él os llene de su paz y esperanza. Y ahora que la bendición de Dios Todopoderoso, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo descienda sobre ustedes desde ahora y para siempre. Amén. |
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SERVICIO FÚNEBRE Nº 3
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Para infantes PREÁMBULOPresidiendo el féretro el ministro se dirige a los presentes: Iniciamos este santo servicio en el nombre de nuestro Señor Jesucristo. Amén. Hermanos, hoy nos hemos reunido para despedir a: _____________, que ha partido a la presencia del Señor. Estamos tristes porque tan tempranamente este/a niño/a ha partido de este mundo. Pero nos asiste la esperanza de que los niños van a la presencia del Señor Jesucristo, el cual es justo y misericordioso. CANTOSe entona un himno o estrofa de himno. Himno Nº __________________, estrofa Nº __________ LECTURAS BÍBLICASHermanos, el Señor Jesús ha dicho: “Dejad a los niños venir a mí, y no se lo impidáis; porque de los tales es el reino de los cielos.” (Mateo 19:14) El Señor también ha dicho: “No se turbe vuestro corazón; creéis en Dios, creed también en mí. En la casa de mi Padre muchas moradas hay…; voy, pues, a preparar lugar para vosotros… Y sabéis a dónde voy, y sabéis el camino. Le dijo Tomás: Señor, no sabemos a dónde vas; ¿cómo, pues, podemos saber el camino? Jesús le dijo: Yo soy el camino, y la verdad, y la vida; nadie viene al Padre, sino por mí.” (Juan 14:1-6) PALABRAS A LOS ASISTENTESHermanos, la muerte de un niño es difícil de enfrentar. Nosotros esperamos que ellos crezcan y hagan sus vidas como buenas personas; y nos imaginamos que al cabo de largos años irán a descansar al sepulcro. Pero en esta ocasión Dios ha permitido que este/a niño/a deje el mundo prematuramente. Ahora nos acompaña un gran dolor en el corazón, pero al mismo tiempo nos asiste la resignación y el aliento en la esperanza de la salvación de los inocentes, quienes por gracia son recibidos en el cielo. Por esto el apóstol Pablo nos enseña diciendo: “Porque sabemos que si nuestra morada terrestre, este tabernáculo, se deshiciere, tenemos de Dios un edificio, una casa no hecha de manos, eterna, en los cielos. Y por esto también gemimos, deseando ser revestidos de aquella nuestra habitación celestial” (2 Corintios 5:1-2). ORACIÓNHermanos, oremos para que la esperanza cristiana y la fe en la resurrección se afirme en nuestros corazones: Dios Todopoderoso, Señor de la vida, que levantaste a tu santo Hijo Jesucristo del sepulcro, permítenos en esta hora de tristeza mantener la esperanza en que un día volveremos a ver a nuestro ser querido. Pon en nosotros el consuelo, la paz y la felicidad que sólo son posibles por la gracia y la fe que has derramado en nuestros corazones. Te lo pedimos todo en el dulce nombre de tu Hijo muy amado, nuestro Salvador Jesucristo. Amén. CANTOSe entona un himno o estrofa de himno. Himno Nº __________________, estrofa Nº __________ EXHORTACIÓN DE LA PALABRALectura de la Palabra de Dios y exposición breve. Se puede escoger alguno de los textos que se sugieren en el primer rito fúnebre. ORACIÓN (por el consuelo los deudos) Señor de la vida y autor de nuestra salvación. A ti, solamente a ti acudimos este día para ser consolados. Que la perdida de este/a niño/a no nos derrote sino más bien nos dé la esperanza en que tú lo habrás de levantar el día tu Venida, cuando resucites a los justos y bienaventurados. Pon tu paz en nuestros corazones; enjuga nuestras lágrimas; danos la fuerza para que en fe podamos también seguir nuestro camino hacia ti. CANTOSe entona un himno o estrofa de himno. Himno Nº __________________, estrofa Nº __________ OPORTUNIDADPara familiares o personas designadas para ello. PALABRAS DEL MINISTRO AL DEPOSITAR EL FÉRETRO EN EL SEPULCROMientras el féretro desciende o es depositado en el sepulcro, el ministro dirá: Señor Jesucristo, tú que has dicho: “Dejad a los niños venir a mí…porque de los tales es el reino de los cielos”, te pedimos que recibas a este/a niño/a ___Nombre del niño__ , para que en tu gloria eterna habite siempre en tu presencia. La tierra es vuelta a la tierra, la ceniza a la ceniza; pero el espíritu retorna a Dios quien lo ha dado. Por cuanto, del polvo fuiste tomado, al polvo volverás. CANTOSe entona un himno o estrofa de himno. Himno Nº __________________, estrofa Nº __________ BENDICIÓN FINAL DEL MINISTROEl ministro se dirigirá a los deudos y demás asistentes. Entonces les dirá: |
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CAPÍTULO III: RITOS Y LITURGIA PARA EL ORDEN MINISTERIAL |
ORDENAMIENTO AL SAGRADO MINISTERIO PASTORAL
PREÁMBULOLos ordenandos son llamados a presentarse frente al Obispo y los presbíteros. Entonces un presbítero pedirá a la congregación ponerse en pie, y se dirigirá al Obispo diciendo: Reverendo Obispo y hermanos en el ministerio, presentamos a nuestros hermanos que aquí ven, para que sean admitidos al sagrado orden del ministerio pastoral. Declaramos que estos varones que presentamos ante esta santa asamblea están habilitados para ejercer debidamente el sagrado ministerio. Han sido examinados y tenidos por dignos de enseñar la sana doctrina del Evangelio, promover las buenas costumbres y edificar a la Iglesia de Cristo, para la honra y gloria de Dios. EXHORTACIÓN A LOS ORDENANDOSEl Obispo dirá a los ordenandos: Queridos hermanos, tenemos la confianza fundada de que han meditado seriamente en el significado de este sagrado ministerio a que el Señor ha tenido a bien llamarles, y de que están profundamente resueltos, por la gracia de Dios, a consagrarse del todo al cuidado de las almas. Por tanto, les exhortamos en nombre de Cristo a que se dediquen exclusivamente a esta obra. Un presbítero invita a sentarse a la congregación. Los ordenandos permanecen en pie. Entonces el presbítero leerá los siguientes pasajes bíblicos, diciendo así: Hermanos, escuchen la Palabra de Dios para su consejo: El apóstol Pablo hoy les enseña diciendo: “Y él mismo constituyó a unos, apóstoles; a otros, profetas; a otros, evangelistas; a otros, pastores y maestros, a fin de perfeccionar a los santos para la obra del ministerio, para la edificación del cuerpo de Cristo, hasta que todos lleguemos a la unidad de la fe y del conocimiento del Hijo de Dios, a un varón perfecto, a la medida de la estatura de la plenitud de Cristo” (Efesios 4:11-13). Y el apóstol Pedro les exhorta diciendo: “Ruego a los ancianos que están entre vosotros, yo anciano también con ellos, y testigo de los padecimientos de Cristo, que soy también participante de la gloria que será revelada: Apacentad la grey de Dios que está entre vosotros, cuidando de ella, no por fuerza, sino voluntariamente; no por ganancia deshonesta, sino con ánimo pronto; no como teniendo señorío sobre los que están a vuestro cuidado, sino siendo ejemplos de la grey. Y cuando aparezca el Príncipe de los pastores, vosotros recibiréis la corona incorruptible de gloria” (1 Pedro 5:1-4). PREGUNTAS A LOS ORDENANDOS:Otro presbítero hará las siguientes preguntas a los ordenandos – ¿Estás en la persuasión de haber sido interiormente movido por el Espíritu Santo para tomar este Oficio y Ministerio, consagrándote al servicio de Dios, con el fin de promover su gloria, y para la edificación de su pueblo? Respuesta. En esta persuasión estoy. – ¿Te juzgas verdaderamente llamado, según la voluntad de nuestro Señor Jesucristo, y la recta constitución de este Reino, al Ministerio de la Iglesia? Respuesta. Así lo juzgo. – ¿Crees sin fingimiento todas las Escrituras Canónicas del Antiguo y Nuevo Testamento, las que leerás diligentemente al pueblo congregado en la Iglesia en la que se te encarga desempeñar este ministerio? Respuesta. Sí, las creo y es mi voluntad anunciarlas. – ¿Crees en toda la sagrada doctrina cristiana afirmada por la Iglesia y en los dos únicos sacramentos del Bautismo y Santa Cena instituidos por Cristo? Respuesta: Sí, creo en toda esta doctrina con firmeza. – ¿Te aplicarás con todo esmero a modelar y conformar tu vida y la de tu familia con la doctrina de Cristo, para que juntos den al rebaño de Cristo los más saludables ejemplos? Respuesta. Así lo haré, con el auxilio de Dios. – ¿Obedecerás y respetarás humildemente a tu obispo, a los presbíteros, a los otros principales ministros de la Iglesia, y a cuántos les fuera confiado el encargo de regirte, prestándote a sus avisos piadosos de corazón y con alegría? Respuesta. Me esforzaré a ello, con el auxilio de Dios. PALABRAS DE ORDENACIÓNUn presbítero solicita a toda la congregación ponerse en pie. El Obispo, entonces, pondrá sus manos sobre la cabeza de cada uno de los ordenandos de rodillas, y les dirá a cada uno: Recibe la potestad de ejercer el Oficio del Ministerio Pastoral en la Iglesia de Dios, el cual se te encomienda, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Después que el Obispo haya puesto las manos sobre todos los nuevos ministros, se les pide levantarse. Entonces el Obispo les dirá a todos los nuevos ministros: Reciban la potestad de leer y predicar el Evangelio en la Iglesia de Dios, hasta que Cristo venga. ORACIÓN DE CONSAGRACIÓNEl Obispo dirá la oración consagratoria, estando los nuevos ministros e Iglesia en pie: Oh Señor nuestro Dios, has llamado a tus siervos para servir en tu casa. A ti, Señor, y a tu servicio los consagramos. Llénalos con el conocimiento de tu Palabra; ilumina su entendimiento con la luz de tu Santo Espíritu; concede que sus corazones se sujeten siempre a tu voluntad. Hazles instrumentos de tu salvación para el pueblo que les confías. Concédeles que administren temerosamente la predicación del Evangelio, y que impartan fielmente tus santos Sacramentos. Que a través de sus propias vidas puedan enseñar tu Palabra viva y verdadera. Que su devoción personal crezca mediante la oración, la obediencia y la comunión con sus familias y tu Iglesia. Y que la unción del Espíritu Santo descienda sobre ellos mientras te sirvan, hasta la llegada de tu reino bendito en gloria. Te lo pedimos en el nombre santo de tu Hijo nuestro Salvador Jesucristo. Amén. BENDICIÓN FINALY ahora, que la bendición de Dios Todopoderoso, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, descienda sobre todos nosotros desde ahora y para siempre. Amén. |
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CONSAGRACIÓN DE PASTORES DIÁCONOS
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PREÁMBULOLos pastores consagrandos al diaconado son llamados a presentarse frente al Obispo y los presbíteros. Entonces un presbítero pedirá a la congregación ponerse en pie, y se dirigirá al obispo diciendo: Reverendo Obispo y hermanos en el ministerio, en nombre de la Iglesia de Cristo presentamos a estos pastores para consagrar su ascensión al grado de Pastor Diácono. Solicitamos su consagración porque su forma de vida testifica que son dignos para el ejercicio del diaconado y porque cumplen con los requisitos establecidos por la Santa Palabra de Dios y por la disciplina de nuestra Iglesia. PREGUNTAS AL CONSAGRANDOEl Obispo se dirigirá al consagrando con las siguientes preguntas: Hermano y consiervo en el ministerio, – ¿Estás persuadido de tu vocación y verdadero llamamiento al diaconado? Respuesta: Estoy persuadido por la gracia de nuestro Señor Jesucristo. – ¿Serás leal a toda la Palabra de Dios, a la sagrada doctrina evangélica, como también a toda la espiritualidad, disciplina y culto cristianos, tal y como la Iglesia los ha recibido? Respuesta: En todas estas cosas seré leal con la ayuda del Señor. – ¿Obedecerás a tu obispo y a los otros ministros que tengan autoridad sobre ti y tu trabajo? Respuesta: Seré obediente a mis autoridades con la ayuda del Señor. – ¿Te empeñarás en servir a Jesucristo y a su Iglesia en consecuencia al grado de Pastor Diácono con el que hoy se te consagra? Respuesta: Serviré a Jesucristo y a su Iglesia con la ayuda del Señor. Un presbítero pide a la congregación tomar asiento. Los consagrandos permanecen en pie. EXHORTACIÓNOtro presbítero leerá la Palabra de Dios El apóstol Pablo exhorta diciendo: “Los diáconos asimismo deben ser honestos, sin doblez, no dados a mucho vino, no codiciosos de ganancias deshonestas; que guarden el misterio de la fe con limpia conciencia. Y éstos también sean sometidos a prueba primero, y entonces ejerzan el diaconado, si son irreprensibles. Las mujeres asimismo sean honestas, no calumniadoras, sino sobrias, fieles en todo. Los diáconos sean maridos de una sola mujer, y que gobiernen bien sus hijos y sus casas. Porque los que ejerzan bien el diaconado, ganan para sí un grado honroso, y mucha confianza en la fe que es en Cristo Jesús” (1ª Timoteo 3:8-13). Otro Presbítero dirá al consagrando: Hermano y consiervo en el ministerio, sirve fielmente a Dios Padre, mediante el ejemplo de Jesucristo y bajo el poder del Espíritu Santo. En nombre de Dios cumple tu ministerio y sirve a todos los que a ti acudan en su necesidad. Sirve humildemente a la Iglesia como Pastor Diácono, conságrate a la Santa Palabra de Dios y a la oración, para que en todo momento tu vida refleje a Cristo que te ha tenido por fiel poniéndote en el ministerio. Ayuda fiel y sinceramente al Obispo, a los Presbíteros y a tus otros hermanos que te acompañan en el pastorado. CONSAGRACIÓNUn presbítero solicita a toda la congregación ponerse en pie. El Obispo, junto con los presbíteros que él llamare, pondrán las manos sobre la cabeza de cada uno de los consagrandos, todos ellos de rodillas, y les dirá a cada uno: Te consagramos Pastor Diácono para la Iglesia, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. Después que se haya puesto las manos sobre todos los nuevos pastores diáconos, se les pide levantarse. ORACIÓN CONSAGRATORIAUn presbítero hará la siguiente oración: Oh Dios, Padre de toda misericordia, te alabamos por habernos enviado a tu Hijo Jesucristo, quien tomó forma de siervo, y se humilló a sí mismo, haciéndose obediente hasta la muerte, y muerte de cruz. Te alabamos porque le has exaltado hasta lo sumo, y le has hecho Señor de todo. Te damos gracias por los muchos ministerios que has suscitado en tu Iglesia, y porque has llamado a tus siervos al grado de Pastor Diácono. Oh, Padre Eterno, por tu amado Hijo Jesucristo derrama tu Espíritu Santo sobre tus siervos; llénales de gracia y poder, y hazles pastores diáconos humildes y dignos de tu Iglesia. Te lo pedimos todo en el nombre de Jesucristo nuestro Señor. Amén. BENDICIÓN FINALEl Obispo pondrá la bendición final con la siguiente oración: Padre eterno, bendice a tus siervos que hoy han sido ascendidos al grado de Pastor Diácono. Que puedan cumplir todas sus funciones y deberes, ministrando en tu Iglesia de acuerdo a tu santa voluntad. Todo te lo pedimos y esperamos en el nombre de Jesús nuestro Salvador. Amén. Y ahora, que la bendición de Dios Todopoderoso, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo, descienda sobre todos nosotros desde ahora y para siempre. Amén. |
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CONSAGRACIÓN DE PASTORES PRESBÍTEROS |
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CONSAGRACIÓN DE OBISPOS
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PREÁMBULOUn presbítero se dirigirá a la Iglesia diciendo: Pongámonos todos de pie ante el Señor. Reverendos ministros del Señor, Diáconos, Presbíteros, e Iglesia de Dios, confiando en la dirección del Espíritu Santo, con gran alegría presentamos a todos ustedes a nuestro Pastor Presbítero nombre del candidato a obispo para ser Obispo y Pastor principal entre todos nosotros. Que al imponer las manos fraternas del presbiterio, sean las manos del Señor por quien, en el poder del Espíritu Santo, le consagre para esta tarea en la Iglesia. Luego, el presbítero pide a la congregación que tome asiento. DECLARACIÓN SOLEMNEUn presbítero preguntará al consagrando al episcopado: Hermano nuestro, Pastor Presbítero llamado por Cristo, ¿qué tienes que declarar ante la Iglesia? Entonces el consagrando al episcopado dirá públicamente: Muy amados hermanos, con humildad y temor reverente, me presento ante ustedes y ante el Señor Jesucristo que me ha llamado por su infinita gracia. Yo, nombre del candidato a obispo , hermano vuestro en el ministerio, elegido obispo en la Iglesia de Dios, declaro solemnemente que creo que todas las Sagradas Escrituras del Antiguo y Nuevo Testamento son la Palabra de Dios, y que contienen todas las cosas necesarias para la salvación. Me comprometo solemnemente a conformarme a la doctrina, disciplina y culto de la Iglesia que se inspiran en ellas. Defenderé la fe y serviré a todos mis hermanos en la Iglesia; yo hermano también juntamente con ellos. Mantendré el buen testimonio de vida cristiana que ustedes esperan de mí y de mi familia, procurando ser ejemplo de piedad, moral, razón y conducta. Y que en todas estas cosas Dios me ayude. En el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. PREGUNTAS AL CONSAGRANDOUn Presbítero dirá al Presbítero consagrando al episcopado: Hermano mío, te amonestamos a responder: ¿Estás persuadido de haber sido verdaderamente llamado, entre todos tus hermanos pastores, para ser Obispo en la Iglesia, según la voluntad de nuestro Señor Jesucristo? Respuesta: Estoy persuadido por la gracia de nuestro Señor Jesucristo. Otro Presbítero se dirigirá al consagrando con las siguientes preguntas: Hermano y consiervo en el ministerio, – ¿Estás dispuesto con toda diligencia a rechazar toda enseñanza errónea y contraria a las Sagradas Escrituras y a la santa disciplina enseñada por nuestra Iglesia? Respuesta: Sí, estoy dispuesto. – ¿Renuevas tu compromiso, tal como lo hiciste desde tu conversión, de vivir sobria, justa y piadosamente, renunciando a toda impiedad mundana, siendo ejemplo de virtud para los demás, de tal manera que nadie tenga que decir algo malo en tu contra? Respuesta: Así lo haré, renuevo mi compromiso. – ¿Conservarás y promoverás la unión, la disciplina, el amor, la esperanza y la paz entre los verdaderos cristianos, procurando hacer volver a Dios a todos los hombres, conforme al Santo Evangelio de Jesucristo? Respuesta: Sí, todo esto haré con el auxilio de Dios. – ¿Serás cuidadoso y fiel en ordenar e imponer las manos sobre los nuevos ministros que el Señor llamare, para enviarles a extender el reino de Dios? Respuesta: Seré cuidadoso y fiel en todo esto, con la ayuda de Dios. – ¿Gobernarás a la Iglesia de Cristo junto a tus hermanos en el sagrado orden ministerial, sustentando a los pastores presbíteros, diáconos y ordenados, actuando en consejo con ellos, para la edificación de los fieles cristianos? Respuesta: Sí, gobernaré en la Iglesia de Cristo con la ayuda de mis hermanos en el ministerio. ¿Serás humilde y misericordioso con todos los hombres, mayormente con los pobres, necesitados y extranjeros? Respuesta: Así lo haré por amor a Cristo. EXHORTACIÓNUn Presbítero invita a toda la congregación a ponerse en pie. Entonces leerá la Palabra de Dios: “Palabra fiel: Si alguno anhela obispado, buena obra desea. Pero es necesario que el obispo sea irreprensible, marido de una sola mujer, sobrio, prudente, decoroso, hospedador, apto para enseñar; no dado al vino, no pendenciero, no codicioso de ganancias deshonestas, sino amable, apacible, no avaro; que gobierne bien su casa, que tenga a sus hijos en sujeción con toda honestidad (pues el que no sabe gobernar su propia casa, ¿cómo cuidará de la iglesia de Dios?); no un neófito, no sea que envaneciéndose caiga en la condenación del diablo. También es necesario que tenga buen testimonio de los de afuera, para que no caiga en descrédito y en lazo del diablo.” (1 Timoteo 3:1-7) Otro Presbítero dirá al consagrando: (Todos permanecen en pie) Hermano y consiervo en el ministerio, así como has servido a Jesucristo desde que fuiste llamado al pastorado, persiste en servirle fielmente ahora que eres ordenado al Episcopado y hasta el fin de tus días. Predica y enseña la Santa Palabra de Dios con valentía; administra los santos sacramentos ordenados por nuestro Señor Jesucristo; vigila y supervisa a la Iglesia con temor reverente; imparte disciplina y consejo bajo la unción del Espíritu Santo; trabaja por la unidad de la Iglesia tal como Cristo lo quiso; mantén una vida espiritual santa y coherente con tu llamado; sé pastor para tu familia y para toda la Iglesia que Dios ha puesto bajo tu cuidado. ORACIÓN CONSAGRATORIA(Todos permanecen en pie) El Presbiterio orará imponiendo las manos al consagrando Obispo puesto de rodilla. Uno de los presbíteros, mientras el resto imponen sus manos, dirá la siguiente oración: Dios de poder inmutable, luz de eterna sabiduría: Mira con favor a toda tu Iglesia, y concédele este don del Episcopado por medio de tu siervo que hoy consagramos. Haz que todo el mundo vea y sepa que todo cuanto es derribado tú lo levantas; que lo envejecido lo renuevas, y que todas las cosas son llevadas a su perfección mediante aquél por quien fueron hechas, tu Hijo Jesucristo nuestro Señor, que vive y reina contigo, en la unidad del Espíritu Santo, un solo Dios, por todos los siglos. Te damos gracias por los muchos ministerios que has suscitado en tu Iglesia, y porque has llamado a éste tu siervo a la tarea de la Superintendencia y Sagrado Episcopado. Oh, Padre Eterno, te pedimos que derrames la unción del Espíritu Santo sobre éste tu siervo; llénale de gracia, autoridad y poder. Dale fuerza y sabiduría para cumplir con toda la exigencia del episcopado. Líbralo de toda corrupción, de todo peligro y de cuántos males de este mundo quieran levantarse en su contra. Consérvalo puro, íntegro y santo; ilumínale para que lea e interprete tu Palabra con virtud, siendo siempre fiel a la verdad evangélica. Hazle un Obispo humilde, justo y digno de tu Iglesia, enteramente dedicado a tu servicio. Te lo pedimos todo por medio de Jesucristo tu amado Hijo, nuestro bendito Salvador. Amén. El Obispo consagrando es puesto de pie PALABRAS CONSAGRATORIASUn Presbítero dirá al Obispo consagrando: (Todos permanecen en pie) Amado consiervo, hermano Presbítero entre nosotros, ahora eres Obispo para la Iglesia. Hoy extendemos nuestras manos para ti; hoy te abrazamos y recibimos con alegría. Te consagramos como nuestro Obispo, en el nombre del Padre, y del Hijo, y del Espíritu Santo. Amén. BENDICIÓN FINAL(Todos permanecen en pie) El nuevo Obispo, ya consagrado, saluda a la Iglesia con unas breves palabras y entrega su primera bendición a los presentes, diciendo: |
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CAPÍTULO IV: RITOS OCASIONALES |
COLOCACIÓN DE LA PRIMERA PIEDRA
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CONSAGRACIÓN DE TEMPLOS
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INAUGURACIÓN Y BENDICIÓN DE ESTABLECIMIENTOS PÚBLICOS |
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CONSAGRACIÓN DE DIACONISA
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PREÁMBULOEl presbítero se dirigirá a la consagrando diciendo Hermana nuestra, por la gracia de Dios has sido llamada a ocupar una función sagrada, para servir a la Iglesia del Señor, colaborando fielmente al lado del Obispo que Dios ha puesto como vuestro esposo, el cual también gobierna sobre la Iglesia. Hoy te presentamos ante esta santa asamblea, habiendo primero examinado tu testimonio, fe y buenas obras; y te hemos hallado digna para ejercer debidamente la sagrada vocación al servicio de Dios y de su Iglesia, para la honra y gloria de Dios. LECTURA DE LA PALABRAEscucha la Palabra de Dios para tu consejo: “Entonces el Rey dirá a los de su derecha: Venid, benditos de mi Padre, heredad el reino preparado para vosotros desde la fundación del mundo. Porque tuve hambre, y me disteis de comer; tuve sed, y me disteis de beber; fui forastero, y me recogisteis; estuve desnudo, y me cubristeis; enfermo, y me visitasteis; en la cárcel, y vinisteis a mí. Entonces los justos le responderán diciendo: Señor, ¿cuándo te vimos hambriento, y te sustentamos, o sediento, y te dimos de beber? ¿Y cuándo te vimos forastero, y te recogimos, o desnudo, y te cubrimos? ¿O cuándo te vimos enfermo, o en la cárcel, y vinimos a ti? Y respondiendo el Rey, les dirá: De cierto os digo que en cuanto lo hicisteis a uno de estos mis hermanos más pequeños, a mí lo hicisteis.” (Mateo 25:34-40) PREGUNTAS A LA CONSAGRANDOQuerida hermana nuestra y sierva de Dios, nos regocijamos que en la buena providencia de Dios se te permita un lugar para trabajar y servir a la Iglesia de Cristo. A contar de hoy te entregarás sin reservas al servicio del Señor de la viña. Y a semejanza del bendito Maestro, nuestro Señor Jesucristo, andarás por todo lugar haciendo el bien conforme a las necesidades de quiénes lo requieran. El Señor y la Iglesia te apartan para una obra especial. Trabajarás únicamente para Cristo y para el bien del prójimo, acompañando el trabajo ministerial de vuestro esposo, nuestro Obispo, el cual ha sido llamado para administrar la Iglesia de Dios. Habrás de consagrarte exclusivamente para Dios, sirviendo a vuestras hermanas en la fe, trabajando en el cuerpo de Dorcas, visitando a los necesitados y enfermos, orando en todo tiempo y apoyando la obra del Señor en todo cuanto puedas. Por lo mismo te exhortamos a responder: – ¿Estás dispuesta a ser conducida por el Espíritu Santo y la Providencia divina para ocuparte en esta obra y oficio divino? Respuesta. Estoy dispuesta. – ¿Prometes en la presencia de Dios y de esta Santa Congregación cumplir fielmente con los deberes de diaconisa en la obra del Señor? Respuesta. Así lo prometo. – ¿Aceptas todas las Santas Escrituras por nosotros reconocidas como Palabra de Dios, y asimismo toda la doctrina cristiana que profesamos en la Iglesia, aceptándolas sin reparos? Respuesta. Sí, lo acepto todo. ¿Te determinas a consagrarte enteramente al servicio de Dios, de la Iglesia y del prójimo, siendo además esposa y fiel colaboradora de nuestro Obispo a quien Dios ha puesto sobre su Iglesia? Respuesta: Sí, me consagraré a todas ellas. PALABRAS DE CONSAGRACIÓNPuesta de rodilla la consagrando, el presbítero orará diciendo: Que el Espíritu del Dios vivo descienda sobre tu vida, y permanezca para siempre. Que su unción sagrada te imparta gracia para toda prueba, y dones para todo deber. Que su presencia sea para ti una verdadera columna de nube en el día, y una columna de fuego en la noche, durante toda tu vida. Que la gracia de Dios te acompañe en todas tus tareas; y seas una ayuda personal y espiritual para tu esposo, Obispo y siervo del Señor en la Iglesia. Y que la bendición de Dios Todopoderoso, el Padre, el Hijo, y el Espíritu Santo sea en todo tu ser, desde ahora y para siempre. Amén. |