Devocional 21-04-2020
Dios les bendiga mis hermanos

“Jehová es mi pastor; nada me faltará. En lugares de delicados pastos me hará descansar;Junto a aguas de reposo me pastoreará. Confortará mi alma;Me guiará por sendas de justicia por amor de su nombre. Aunque ande en valle de sombra de muerte,No temeré mal alguno, porque tú estarás conmigo;Tu vara y tu cayado me infundirán aliento…”
Salmos 23:1-4

TENEMOS QUIÉN NOS CUIDE.

Para quien nunca ha pastoreado un redil de ovejas, se le hace muy difícil pensar en el trabajo qué demanda cuidar una oveja. Cuando el salmista decía Jehová es mi pastor nada me faltará, lo decía desde la vivencia personal ya que él como el hijo menor de su padre, era quién llevaba la responsabilidad de pastorear las ovejas de la familia, porque sus seis hermanos estaban en los escuadrones de Israel para enfrentar a los filisteos. Una oveja necesita de buen pasto para alimentarse y engordar. Sus carnes servirán de alimento para una familia, y sus lanas serán el sustento económico del negocio familiar. Ahí radica la importancia de saber cuidar a una oveja, de saber darle el alimento en su tiempo, pasto sano, libre de gérmenes, de gusanos y cizaña que producen enfermedades a la oveja. La cizaña entremezclada en el pasto que comía la oveja, le producía una hinchazón, a riesgo de acabar con su vida. El gusano qué enfermaba su estómago, quitándole el hambre y ocasionándole una infección también le produciría la muerte. El calor del desierto abrasador amenazaba la integridad de este animalito. Y las moscas que constantemente rodeaban a la oveja, constituían una amenaza frecuente de enfermarla y enloquecerla, razón por la cual el pastor cubría la cabeza de la oveja con aceite y tapaba sus oídos y narices, para que la mosca no pusiera sus huevos que se convertirían en larvas o gusanillos que se introducirían en la misma cabeza de la oveja, ocasionándole una locura y una enfermedad irreparable. En base a este cuidado que el pastor aplicaba a cada oveja, con delicadeza, con perseverancia y sabiduría, es que la oveja vivía confiada, protegida y bien alimentada. Y que decir de la protección en contra de los depredadores animales o humanos, que cada pastor ejecutaba aún con su propia vida, porque las ovejas en el caso de David, eran suyas y de su propia familia. Y recuerdo las palabras del Señor que dicen; “Yo soy el buen pastor; el buen pastor su vida da por las ovejas” Juan 10:11.
Queridos hermanos de Primp Los Vilos, vivamos tranquilos y confiados en el Señor, porque bajo su protección divina, estaremos seguros. Él se preocupa de alimentarnos. Él se preocupa de que nuestra lana crezca sana, y hermosa para bendición de nuestras propias vidas. No habrá depredador que puede alcanzar nuestras vidas, Y aunque éste ande como León rugiente buscando a quien devorar, la vara del Señor y su cayado nos infundirán aliento. Somos ovejas del Señor, le pertenecemos, y Él sabrá dar su vida por nosotros. Tenemos a quien clamar, y ahora Él responde por nosotros.
Que Dios nos guarde y nos ayude.