Devocional 16-05-21
Dios nos bendiga mis hermanos.

“Entonces Eliseo le envió un mensajero, diciendo: Ve y lávate siete veces en el Jordán, y tu carne se te restaurará, y serás limpio. Y Naamán se fue enojado. (2 Reyes 5:10-11)

La gran noticia que había un profeta que sanaba los enfermos, y aún de la lepra que él padecía, causó alegría en Naamán, el general del ejército de Siria. Este acudió a visitar al profeta Eliseo esperando ser reconocido y ver una obra de sanidad portentosa y magnífica en su vida, digna de su investidura, dado el porte jerárquico que le antecedía. Pero Eliseo sin salir de su casa para recibirlo siquiera, a pesar del largo viaje, lo mandó a lavarse en el río Jordán. Naamán se fue furioso, alegando que los ríos de Damasco eran aún más limpios que el Jordán. Sin duda el ego de este hombre era muy elevado. Su altivez de espíritu le impidió ver la bendición que estaba delante de sus ojos. Pero al ser calmado y convencido por sus criados de lo sencillo que sería aceptar tal proceder, accedió a meterse al río Jordán y después de sambullirse 7 veces su carne se volvió como la de un niño, y fue limpio de la lepra. Tuvo que negarse a sí mismo, humillarse y agachar su cerviz, y ya sabemos lo difícil que debe haber sido para un hombre importante como Naamán. No hay como la humildad para aceptar lo que Dios quiere de nuestras vidas. Aceptemos lo que Dios ha dispuesto para nosotros y de seguro recibiremos una bendición importante, ya sea una sanidad, una respuesta a nuestras peticiones, u otra cosa a nuestro favor.

Dios nos guarde y nos ayude