Devocional 24- 05-21
Dios nos bendiga mis hermanos

“Por esta causa también yo, habiendo oído de vuestra fe en el Señor Jesús, y de vuestro amor para con todos los santos, no ceso de dar gracias por vosotros, haciendo memoria de vosotros en mis oraciones” Efesios 1:15-16

Poco tiempo después de haber establecido la iglesia de Éfeso, mientras se encontraba prisionero en Roma, más o menos por el año 62 de nuestra era cristiana, Pablo recibe noticias de los hermanos Efesios. En medio de una fría prisión, privado de libertad y de no poder continuar con la comisión dada por Jesucristo de predicar el evangelio, al fin recibe buenas y alentadoras noticias. Los hermanos Efesios han permanecido en la fe, mostrando el cambio hecho en sus vidas, con demostración de amor de los unos sobre los otros. ¡Que alegría para Pablo!, quién no cesaba de dar gracias a Dios por haberlos guardado. Pero sin duda, esto que acontecía en medio de la iglesia, era el fiel resultado de la incesante oración y súplica de Pablo, por cada uno de ellos. Este es un ejemplo práctico de nuestra participación como cristianos, en la administración de la obra de Dios. Pablo hacía participe de esto a la iglesia de Éfeso, rogándoles oración; “orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” Efesios 6:18. Amén, orando por todos los santos.
Lo pidió además en la iglesia de Colosas; “Perseverad en la oración, velando en ella con acción de gracias; orando también al mismo tiempo por nosotros, para que el Señor nos abra puerta para la palabra, a fin de dar a conocer el misterio de Cristo, por el cual también estoy preso” Colosenses 4:2-3
Y lo pidió a todas las demás iglesias. ¿Por qué?, Porque no hay nada más importante para un pastor, que orar por la iglesia, y de igual manera, que la iglesia ore por sus pastores.
Como lo pidió a la iglesia de Colosas, lo pidió a cada iglesia, y por último a la iglesia de Roma; “Pero os ruego, hermanos, por nuestro Señor Jesucristo y por el amor del Espíritu, que me ayudéis orando por mí a Dios” Romanos 15:30.
Mi hermano, si no es su costumbre orar, creo que es tiempo de madurar y de darnos cuenta lo valioso e importante que es la oración en medio de una congregación. Así avanzamos con Cristo. Esa es la forma y la manera de Dios. Comience a rogar por sus hermanos y sus pastores, y no le deje todo el trabajo al pastor, al líder o al que está por delante de su iglesia. Haciendo así, obtendremos una ganancia colectiva enorme. Es decir, la iglesia crecerá, se fortalecerá, se desarrollará y avanzará hacia la gloria. Pero su ganancia personal se verá reflejada en que se ejercitará cada vez más su vida espiritual, haciéndose fuerte y capaz de soportar la tentación y de estar firme ante la prueba, madurará en Dios, y se acercará más y más hacia el Señor. Oremos los unos por los otros. Ore mi hermano y dejémonos de niñerías.

Dios nos guarde y nos ayude.