Devocional 05-05-2021
Dios les bendiga mis hermanos.
“He aquí, yo estoy a la puerta y llamo; si alguno oye mi voz y abre la puerta, entraré a él, y cenaré con él, y él conmigo”. Apocalipsis 3:20.
Al crucificar a Jesús, el pueblo de Israel tuvo que sacarle fuera de las puertas de la ciudad. Eso significaba abrir las puertas que aseguraban la ciudad, para sacar al cordero manchado, es decir, cargado del pecado del pueblo. Y una vez allí, se debía cerrar las puertas detrás del malechor que sería ejecutado. Israel le cerró las puertas al mesías prometido, a aquel que esperaron por largo tiempo, pero que no reconocieron. Eso significaba quedar exento de la posibilidad de salvación. Pero el vuelve a decirle a la humanidad que el que le abre la puerta tendrá una tremenda bendición. ¿Y usted qué espera mi hermano? No hagamos con Jesús lo que hicieron los líderes religiosos al rechazarle, no le cierre las puertas de su corazón, vale la pena confiarle a Jesús nuestro pobre pasado, entregarle nuestro difícil presente y depositar nuestro incierto futuro en sus manos, ya que todos, de alguna forma necesitamos vivir con la esperanza de que la muerte no será el final de toda nuestra existencia. Él cuidará de nosotros y hará fiesta con nosotros, y no solo en nuestro corazón, porque nos espera una fiesta de bodas, para desposarnos con Cristo. Abramos la puerta a las posibilidades que Cristo tiene para nosotros. “Porque de tal manera amó Dios al mundo, que ha dado a su Hijo unigénito para que todo aquel que en él cree no se pierda más tenga vida eterna” (Juan 3:16).
Dios le guarde y nos ayude