Devocional 13-03-21
Dios les bendiga mis hermanos
“Mirad bien, no sea que alguno deje de alcanzar la gracia de Dios; que brotando alguna raíz de amargura, os estorbe, y por ella muchos sean contaminados” Hebreos 12:15.
En la vida cotidiana, cuando una persona se indispone con otra, se tiende a difamar a quién nos hizo daño. Dios que conoce esto, lo advierte en su palabra para que no seamos útiles en las manos de satanás para contaminar a. otros con odio. Pero lo que realmente Dios quiere, es que seamos personas felices, con un corazón alegre, que podamos participar de su gozo y caminar por la vida libres y sin ataduras. La raíz de amargura que se produce en el corazón por un enojo con alguien, suele ser muy común, pero destruye el alma. Se puede vivir eternamente enojado con alguien, apartándose de aquella persona para no verla más, pero lo único que en realidad está haciendo, es evitar la reconciliación que Dios tanto anhela para cada uno de sus hijos. El rencor daña el alma, y la aparta de Dios. Porque el no reconciliarse, es algo que se manifiesta en un corazón duro, orgulloso, soberbio y altivo. Pero nosotros somos hijos de Dios, no del maligno, y conocimos el amor, ya que Jesús murió por nosotros, y nos perdonó en la cruz del calvario, a pesar de haberle dañado mucho antes de morir. Y espera que nosotros como sus hijos también seamos capaces de perdonar o pedir perdón si hemos faltado. No permita que el rencor, el deseo de venganza o cualquier otra cosa, le robe la posibilidad de ir al cielo a disfrutar de las bodas del cordero. Despójese de la amargura que hay en su corazón, si es que la posee, y ruege a Dios que le sane, porque si no se reconcilia, las puertas del infierno estarán abiertas para usted. Y discúlpeme ser tan directo.
Dios nos guarde y nos ayude