Devocional 27-03-21
Dios nos bendiga

“Bienaventurados los de limpio corazón, porque ellos verán a Dios” Mateo 5: 8. La pureza, la limpieza de corazón, es la cosa más importante que ha de buscarse. Necesitamos ser limpiados interiormente por medio del Espíritu Santo y de la Palabra de Dios, y entonces seremos limpios exteriormente por la consagración y la obediencia a la Biblia. Si amamos el mal, se ensucia el corazón. Si el corazón es impuro, el ojo estará empañado, en tinieblas, y no podremos verle. ¿Cómo podríamos ver a Dios si amáramos las cosas profanas? ¡Qué privilegio tan grande es ver a Dios aquí en la tierra mis hermanos! ¡Una mirada a Dios es el cielo en la tierra! En Cristo Jesús los de limpio corazón ven al Padre. Ahora sabemos por qué Felipe no veía al padre. Jesús le dijo: ¿Tanto tiempo hace que estoy con vosotros, y no me has conocido, Felipe? El que me ha visto a mí, ha visto al Padre”. Le veremos a Él, su verdad, su amor, su propósito, su soberanía sobre nuestras vidas. Amén, Sí. Lo vemos claramente. Pero esto es comprendido únicamente en la medida en que el pecado es mantenido fuera del corazón. Únicamente aquellos que buscan la santidad pueden clamar: “Mis ojos están siempre hacia Jehová” (Salmos 25:15) Y tendremos el mismo deseo de Moisés: “Te ruego que me muestres tu gloria” (Éxodo 33:18). Esto puede ser cumplido únicamente si nos apartamos de toda iniquidad “Le veremos tal como él es”; “Y todo aquel que tiene esta esperanza en él, se purifica a sí mismo” El gozo de la presente comunión con Dios y la esperanza de la futura entrada al cielo, son el más urgente motivo para la pureza de corazón y de toda nuestra vida. Digámosle convencidos de que Él puede hacerlo, “¡Señor, limpia nuestro corazón para que podamos verte!”
Dios nos ayude.