Devocional 29-03-21
Dios nos bendiga

“Todo lo que el Padre me da, vendrá a mí; y al que a mí viene, no le echo fuera”
(Juan 6:37)

Entre las almas perdidas en el infierno no hay una sola que pudiera decir: “yo vine a Jesús, y Él me rechazó”. Creo que no hay nadie que pueda decir: Jesús no me cumplió su palabra. O decir: “me miran menos”, o “no me quiso escuchar y se fue”. Si hoy acudimos a Jesús, llenos de problemas, enfermos y acongojados, de una cosa podemos estar seguros; Él no nos negará una audiencia, ni nos echará fuera.
Aquellos de nosotros que hemos ido con frecuencia a Él, todos los días en oración, y aquellos que no han ido nunca antes, vayamos juntos, y comprobaremos que Él no cerrará en la cara de ninguno de nosotros la puerta de Su gracia. Con justa razón los fariseos luego murmuraban y decían: Este a los pecadores recibe, y con ellos come. (Lucas 15:2)
Venimos a Él en debilidad y pecado, con temblorosa fe, escaso conocimiento, y poca esperanza; pero Él no nos echa fuera, ni nos rechaza. Venimos por medio de la oración, y esa oración es imperfecta, con equivocaciones y a veces desgano. Con confesión de pecados, y esa confesión muchas veces es egoísta, es deficiente y hasta mentirosa. Oramos con alabanza, y esa alabanza se queda corta. Sin embargo, como sea nuestra deficiencia y nuestra imperfección,
Él nos recibe igual. Venimos enfermos, contaminados, desgastados, e indignos. Sea que nos dirijamos a Él, alegres o tristes, sanos o enfermos, en santidad o en tinieblas, como el hijo mayor o el menor,
Él no nos echa fuera. Jamás nos rechazará.
Vengamos de nuevo a Él hoy, cuántas veces queramos y podamos, pues nuestro bendito Salvador Jesucristo, quién dio su vida por nosotros, Él nunca nos echará fuera.
Dios nos ayude a creerlo.