Devocional 16-09-20
Dios nos bendiga
“respondió Juan, diciendo a todos: Yo a la verdad os bautizo en agua; pero viene uno más poderoso que yo, de quien no soy digno de desatar la correa de su calzado; él os bautizará en Espíritu Santo y fuego.
Lucas 3:16
¡La humildad ante todo! Eso es lo que Dios desea para nuestras vidas. Mientras Dios hacía cosas extraordinarias en el pueblo cuando Juan el Bautista predicaba, la gente se preguntaba si este profeta sería realmente el mesías anunciado en las escrituras, porque desde el más sencillo obrero hasta el más diestro soldado romano, venían a las plantas de Juan a bautizarse. La poderosa palabra de Juan rompía hasta el más duro corazón. Y la misma gente le preguntaba en forma directa; “¿Eres tú el que habría de venir, o esperaremos a otro?”.
¿Pero cuál fue la respuesta de Juan?. Podría haber dicho, “yo soy el último gran profeta enviado”. O decir “yo soy su mano derecha, toda su confianza está sobre mí”. O responder algo para engrandecerse aún más de lo que Dios ya lo había exaltado. En suma, perfectamente podría haberse jactado delante del pueblo. Pero su humilde respuesta ante el pueblo nos enseña lo que debemos de hacer también nosotros, porque lo primero que dijo fue ” yo soy la voz de uno que clama en el desierto”. Es decir, mi nombre no tiene importancia, porque yo no soy el centro de la atención. Yo sólo aparejo el camino para el que viene detrás de mí, el cordero santo de Dios. Y luego dijo, “yo sólo bautizo en agua, pero viene uno más poderoso que yo, de quién no soy digno de desatar la correa de su calzado”. Por si no lo sabía, la labor de atar y desatar la correa del calzado, era una labor del esclavo. El pudiente compraba un esclavo para ponerlo a cargo de las labores de su casa, y se le castraba para cuidar de las mujeres, se le encargaban las labores domésticas y a algunos los educaban para realizar algunas labores administrativas. Y entre esas labores, como ya dijimos, estaba atar y desatar la correa del calzado. O sea, Juan, de quién Jesús dio testimonio de ser el más grande Profeta nacido de mujer en la tierra, estaba diciendo al pueblo que él no era importante, porque sólo era un esclavo que servía a su amo, es decir al mesías prometido que venía tras él. ¡ Y Gloria a Dios por esa respuesta!. Que humildad de este hombre santo. Juan sabía perfectamente cual era su posición. Era “El esclavo de Cristo”. El que ni siquiera era digno de atar o desatar la correa del calzado del mesías. Esa humildad nos hace falta mi hermano, mi hermana querida. La jactancia es una fea costumbre en el cristiano. No debe existir. Nuestra boca siempre debe exaltar y glorificar a quién lo merece. Nuestro Dios es bendito por los siglos de los siglos. No hay nadie como Él. Sólo a Él debemos de engrandecer y no nosotros a nosotros mismos. Sólo somos esclavos de Cristo mi hermano. Sirvámosle con amor y con gozo por lo que Él hizo en nuestras vidas. ¡Bendito es su nombre! Y démosle gloria y honor.
Dios nos ayude