Dios nos bendiga
“pero recibiréis poder, cuando haya venido sobre vosotros el Espíritu Santo, y me seréis testigos en Jerusalén, en toda Judea, en Samaria, y hasta lo último de la tierra” Hechos 1:8
Hablar de Jesucristo es la comisión que nos encomendó el Señor en su palabra. Para ser testigos de Jesucristo y de la obra que Él hizo por nosotros en la cruz del calvario, se requiere de dos cosas importantes. Primero haberlo recibido en nuestros corazones, mediante la transformación que hizo en nosotros, cuando creímos en Él, y segundo, ser investido del poder de lo alto. Esta fue la orden que el Señor Jesucristo le dio a sus discípulos. Pero en este verso hay una particularidad muy importante y que hay que destacar. Mientras en nuestra versión en español se nos dice “me seréis testigos”, en el griego nos dice, “me seréis mártires”. Lo que significa, que no sólo se trata de hablar de Cristo, sino que además el Señor requiere que demos nuestra vida por Él. ¿Cuántos de nosotros estamos dispuestos a dar la vida por Cristo?. Yo, yo, contestará alguien que lee éste devocional, lleno de fervor y emoción. Pero la realidad no es tal. Con qué tristeza los pastores pueden ver, que en el momento que se requiere de una respuesta concreta, simplemente los hermanos de la congregación no la dan. Yo soy de la generación donde asistíamos a los puntos de predicación en forma masiva. Predicando en la quinta normal, un bello parque en el centro de Santiago de Chile, muchas veces vi la gloria del Señor. Vi personas transformadas llorar a las plantas de Jesucristo. Yo mismo fui instrumento para que el perdido fuera salvo en aquel lugar. Peticiones poderosas respondidas en los mismos puntos de predicación en la calle. Pero hoy en día cuando se llama a predicar a las calles solamente, los hermanos brillan por su ausencia. Existen mil excusas, para no ir a la predicación al aire libre. Que el trabajo, que la familia, que la enfermedad, que me duele aquí, que me duela acá. En suma, hoy no hay respuesta a la convocatoria. Y que decir, de pedirle al hermano que comunique de persona a persona el evangelio. A algunos les tiemblan las piernas, y otros dicen trágame tierra, de vergüenza. Ésta es la evidencia de estar vacíos del poder del Espíritu Santo. Con este triste espectáculo, que es la evidencia de la poca fuerza que existe hoy en día en la cristiandad para anunciar el evangelio, ni pensar en que algún cristiano de este tiempo se decida a dar la vida por Cristo. Y hay que dar gracias a Dios que en los países de América, podemos hablar de Cristo libremente, con algunas excepciones por supuesto. Pero no hay una persecución por anunciar el evangelio como en los países del África, donde golpean a los hermanos, y al final son quemados vivos, por las filas intolerantes de los islámicos. Con qué cara algunos hermanos pueden decir que darán la vida por Cristo, si ni siquiera es capaz de asistir a un servicio tan simple y sencillo como la predicación al aire libre. Que lamentable es que si no somos capaces de ser testigos, menos seremos capaces de ser Mártires de Cristo. Debemos entonces replantear nuestra fe, y saber si en verdad hemos recibido el poder del Espíritu Santo para testificar de Él. Hermanos, seamos valientes y roguemos al Señor que nos revista del poder de su Espíritu para estar dispuestos a todo en pos del Evangelio. A testificar, y si es necesario, a padecer por Cristo.
Dios nos ayude.
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