Devocional 23-07-20
Dios nos bendiga mis hermanos

Aunque la higuera no florezca, Ni en las vides haya frutos, Aunque falte el producto del olivo, Y los labrados no den mantenimiento, Y las ovejas sean quitadas de la majada, Y no haya vacas en los corrales; Con todo, yo me alegraré en Jehová, Y me gozaré en el Dios de mi salvación.
Habacuc 3:17-18

Lo que Dios desea de nosotros es una respuesta jerárquica y resuelta frente a los distintos episodios de la vida. Muchas veces las situaciones que enfrentamos no resultan como nosotros hemos planificado, y por esta causa nos deprimimos y nos frustramos, pensando que Dios no está a nuestro lado. Es algo muy similar a lo que vivió el profeta Habacuc. Cuando supo que Israel sería entregado a esclavitud bajo Babilonia, se alegró de ver que los que habían pecado tendrían que pagar su justo juicio. Pero luego al meditar y pensar en el panorama general, se dio cuenta que también Él, por ser judío, tendría que enfrentar y lamentar las mismas consecuencias del pecado de la nación, que era devastación, ruina y pobreza. Sin embargo, el profeta tenía una esperanza, que era confiar en Jehová, que Él proveería todo lo necesario para subsistir, ya que el pueblo extranjero que los reduciría a esclavitud, les quitaría todo cuánto tenían, es decir, ganado de distintas clases de animales, frutos cosechados y aún las mismas siembras, dinero, familia, hijos, y seguramente sus esposas serían violentadas. Un precio muy alto a pagar, por el hecho de haber pecado ante los ojos de Jehová. Pero como ya decíamos, Habacuc tenía una esperanza, y aunque no hubiera frutos que recoger de las higueras, de los Olivos, ni de las viñas, y aunque no hubiera ganado donde echar mano para alimentarse, el profeta estaría contento sabiendo que Dios no desamparía a sus hijos. Cuántas veces seguramente hemos cantado las líneas de este capítulo de Habacuc presentados aquí en este devocional en un muy conocido corito, pero lo cierto es que más allá de entonarlo y alabar al Señor, debemos de creerlo con todo nuestro corazón. Aunque no haya donde echar mano, la despensa esté vacía y el dinero escasee, “con todo yo me alegraré, y me alegraré en Jehová”, porque sólo Él nos hará vivir confiados, seguros y tranquilos, escondidos en su mano. Confíe hermano mío, y alégrese en Jehová, que aunque nada se vea, con Él lo tenemos todo.

Dios nos guarde y nos ayude