Devocional 07-07-2020
Buenos días mis hermanos.

“LA CENICIENTA”

“orando en todo tiempo con toda oración y súplica en el Espíritu, y velando en ello con toda perseverancia y súplica por todos los santos” (Efesios 6:18)

Sin duda, la oración es la cenicienta del cristianismo. No se le considera, ni se le cultiva. Se prefiere malgastar tiempo en labores casi inútiles, como en diversión, en pasatiempos, en cultivar relaciones humanas, en deporte, en ejercicios, en paseos, en compras y vitrineos, y en las cosas más innecesarias. Pero en todo esto, siempre habrá de presentarse una convincente excusa, para respaldar la inversión de esfuerzo, tiempo y atención prestada a lo que sea, que no sea orar. A sí mismo se vonvence. Pero a Dios no se le puede engañar. ¿Ama a Dios mi hermano? Entonces demuéstreselo. No hay nada más hermoso para un enamorado que contemplar el bello rostro de su enamorada. La mira, y todo le encanta de ella. Se complace en su personalidad, piensa en ella todo el día, y anhela cruzar una palabra, una vez más con ella. Si verdaderamente ama a Dios, no le costará nada doblar su rodilla y contemplar el bello rostro de su enamorado, es decir, su padre celestial y nuestro amado y bendito Jesucristo. No solamente ora cuando hay problemas, sino que en todo tiempo desea estar en comunión con Él, porque sentir las caricias del Señor en la oración y gozarse en su presencia, y después de parase de la oración, anhelar nuevamente tener un tiempo para volver a esa cámara secreta de la conversación con Dios, es algo que solo los enamorados de Cristo han descubierto. Ámele de verdad y no sea flojo o floja para orar.
Dios nos guarde y nos ayude.