Devocional 09-07-20
Dios les bendiga mis hermanos
“Enderezándose Jesús, y no viendo a nadie sino a la mujer, le dijo: Mujer, ¿dónde están los que te acusaban? ¿Ninguno te condenó? Ella dijo: Ninguno, Señor. Entonces Jesús le dijo: Ni yo te condeno; vete, y no peques más” Juan 8:10-11
Es extraordinario poder servir a Dios con un corazón libre de culpas. Porque pareciera que nada puede detener nuestro caminar y nuestro progreso espiritual. Se siente una paz indescriptible, y un gozo que pocas veces es habitual. Servir a Cristo con libertad es la condición espiritual que todo cristiano debiera de experimentar en este bendito Evangelio. Pero a veces, nuestra debilidad espiritual nos juega una mala pasada, y esto debido a la poca oración y comunión con Dios, que nos hace caer una y otra vez en pecados, faltas y errores, y que pudiéramos evitar con facilidad si estuviéramos asidos de Cristo. No digo que el cristiano no cometa faltas, pero cuando se ama al Señor, se le sirve con toda el alma y con todo el corazón. Esta mujer que había sido acusado de adulterio, por primera vez experimentaba en su vida la libertad de no ser juzgada y acusada como la peor persona, ya que sus acusadores se fueron uno por uno dejándola en paz, y el mismo Señor Jesucristo no la condenó. “Vete y no peques más” le dijo Jesús. Y estoy seguro que esa vida de pecado hasta ese momento, cambió por completo, y bendito es el Señor. Jesucristo hizo una obra gloriosa en esta mujer, porque fue una de las que le siguió por donde quiera que fuera el maestro, y aún en su resurrección acompañaba a las otras hermanas a ver al maestro en el primer día de la semana. Qué vida más maravillosa es seguir a Cristo con libertad, y aunque otros me digan que estoy loco, y aunque otros me digan que pierdo el tiempo, yo seguiré a Cristo con gozo y con alegría, porque no hay nadie quien me pueda acusar ni levantar su dedo para apuntarme, porque Jesús me dijo; “Ni yo te condenó, vete y no peques más”. Cuando el diablo le acuse al oído y le diga eres malo y pecador, recuerde que Cristo le dijo; ni yo te condenó. La palabra de Dios dice que el que es guiado por el espíritu no es condenado por nadie, porque la sangre de Cristo nos limpia de toda maldad, Jesucristo nos justifica y nos quita el pecado. Él hace posible nuestra justificación. Así que, siga adelante con gozo, sírvale con alegría, despójese de todo lo que le asedia y detiene su progreso espiritual, y ¡Vamos adelante con Cristo!.
Dios nos guarde y nos ayude.