Dios nos bendiga.
“Regocijaos en el Señor siempre. Otra vez digo: ¡Regocijaos!”
Filipenses 4:4.
Esta palabra está dentro de un contexto de una posible rencilla. Evodia y Síntique eran dos hermanas de la iglesia de Filipos, y eran consideradas compañeras de milicia de Pablo. Pero había un problema entre ellas muy notorio, que era la falta de comunión. Este problema interno estaba siendo notorio entre los hermanos, y el apóstol Pablo apela a la buena voluntad de las hermanas para reconciliarse. No sabemos a ciencia cierta si el problema que ellas arrastraban era una rencilla dentro del Evangelio, o algo que arrastraban desde antes de conocer al Señor. Como sea, esta falta de armonía mermaba la vida espiritual de las hermanas. Se trata de una raíz de amargura qué satanás el diablo ha puesto en el corazón de algunos hermanos, que les priva de gozarse y de alegrarse dentro de la iglesia. Cómo pastor junto con mi esposa, hemos visto con pena y con tristeza, cómo algunos hermanos y hermanas han perdido en la batalla de la mente y el corazón, permitiendo que el diablo le siembre esta nefasta raíz de amargura. Hermanos que nada les gusta, todas las decisiones son malas dentro de la iglesia, lo que hacen los hermanos está mal, lo que hace el pastor y la pastora está mal, y nada les gusta, ni nada les alegra. Están enfermos espiritualmente. Les falta comunión con sus hermanos, les falta empatía y les falta amor. Así que hermano, el llamado es a regocijarse. Reconciliese con sus hermanos, con sus pastores, y con quién sea que tenga una rencilla. Primeramente reconciliarse con el Señor, para que sea feliz en Cristo, y pueda gozarse en Dios.
Dios nos ayude.
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