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Devocional 09-08-20
Dios nos bendiga.
“Por lo cual estoy seguro de que ni la muerte, ni la vida, ni ángeles, ni principados, ni potestades, ni lo presente, ni lo por venir, ni lo alto, ni lo profundo, ni ninguna otra cosa creada nos podrá separar del amor de Dios, que es en Cristo Jesús Señores nuestro” Romanos 8:38-39.
La seguridad de estar siempre en Cristo, era la seguridad qué enseñaba Pablo. El apóstol tenía una férrea decisión por Jesucristo. Sabía que a pesar, de que el mismo Dios al llamarle a sus caminos, le había dicho qué le iba a mostrar cuánto debía de sufrir por causa del Evangelio, él no renunciaría a esta bendita fe. Porque lo mejor que le había pasado, era conocer a Jesucristo. Recordemos que Pablo había sido enseñado en la ley judía a los pies de Gamaliel, por lo tanto era un hombre sumamente instruido y erudito de su tiempo, pero él proclamaba, que todo cuanto conocía era basura, en comparación con este evangelio bendito que le había sido revelado. Pablo amaba a Jesucristo, con toda su alma, y estaba seguro que nada lo separa día de este amor tan Grande que había inundado su corazón. Por esta razón él exclama que nada, ni nadie, de la Tierra o del cielo, del presente o del futuro, ninguna cosa creada, los separaría de este Dios, al cual servía con toda su alma. Y ¡bendito el Señor, por esta seguridad!. Esa es la seguridad que debemos tener en nuestro corazón. Que a pesar de las pruebas y de las luchas, en este Evangelio, y aunque fuéramos confrontados por causa de nuestra fe, nunca debimos de renunciar a Cristo. A veces porque la prueba es dura, porque no hay alimento o por cualquier otro motivo, se piensa en dejar las filas del Evangelio, pero esto no es un juego. O somos de Cristo o no somos. O amamos a Dios o no le amamos. Queda de la parte del amor de Dios mi hermano. Siga adelante, que el premio celestial nos aguarda.
Dios nos ayude y nos guarde